12.11.09

La conciliacion de la maternidad y el espacio propio

La incorporación masiva de las mujeres en la sociedad a la vida laboral en las últimas décadas ha supuesto transformaciones sustanciales en la vida familiar. La división clásica de roles entre hombre y mujer que sustentaba el principio de atribuir al colectivo masculino la misión de sustentadores de la prole y al colectivo femenino la intendencia del hogar, está tambaleándose. Generalmente las parejas con hij@s trabajan en el exterior -a menos que se encuentren en paro- desde que nacen. El hecho de la crianza deviene una auténtica epopeya ya que las estructuras empresariales y la mirada de la propia comunidad no se han modificado al mismo ritmo de las necesidades que precisan estas nuevas circunstancias.

A todo esto se añade que la estructura familiar clásica también está transformándose.
La diversidad de modelos familiares es constatable y en un tanto por ciento
abrumador las mujeres componen las denominadas familias monoparentales mejor
llamadas en estos casos, monomarentales.

Pero, ¿el hecho de tener hj@s produce los mismos efectos en la subjetividad de
hombres que de las mujeres?
Dice Stern, en “El Nacimiento de una Madre”, durante el embarazo, a medida que su
cuerpo se encarga de la formación física del feto, su mente se encarga de la
formación de la idea de la madre en que usted se va a convertir. Al mismo tiempo,
empieza a construir la imagen mental de cómo cree que va a ser su bebé. De alguna
manera existen tres embarazos que se van produciendo simultáneamente: el feto
físico, se desarrolla en su matriz, la actitud de la maternidad, se desarrolla en su
psique y el bebé imaginado que, va tomando forma en su mente”

Esta transformación de la identidad produce sus efectos en la percepción de sí
mismas de las mujeres madres.

Gemma Cànovas Sau

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